
Un eje fundamental de la trilogía es el servicio de inteligencia exterior británico, más conocido como MI-6, donde surgió Jason Moore. Para mí es uno de mis preferidos el cuál me sorprendía conforme avanzaban las novelas.
Cuando Odran Daley viajó a Berlín, necesité que contase con un enlace y aposté por Gunther inicialmente. Sin embargo, éste resultó muy justo para lo que esperaba del apoyo en la capital alemana, mas aún en un momento tan diplomáticamente tenso como fueron los años 30.
Así que introduje a un personaje más senior, dotándole de responsabilidad y protagonismo. Y ese fue Jason Moore. Rápidamente, el personaje reclamó más presencia y su característica personalidad me agradó tanto que enseguida me encariñé con él.
Jason fue educado según las costumbres inglesas, de manera que sus manías y su lenguaje ayudan al lector a encontrarse cómodo con sus apariciones. Sin descuidar el rigor de un jefe del servicio de inteligencia, Jason toma decisiones conforme a su posición, muy por encima del papel de Odran. Por ese motivo (y el lector lo verá en la trilogía) Odran le respeta y admira.
Incluso le apropié de un humor típico británico (que también aportan otros personajes) inyectando aire fresco en la tensión de la trama. Como Jason fue un veterano de la Primera Guerra Mundial, quedó horrorizado por la crueldad del conflicto y, al igual que Sir Thomas, temía que un nuevo choque arrastrase a las naciones a otra carnicería. Su puesto en la inteligencia británica está asociado a prevenir otro foco bélico surgido en el corazón de Europa.
Con todo, el lector agradecerá el papel de este personaje y, si le sucede como a mí, esperará con ganas su aparición capítulo a capítulo.
Os insto a descubrirle desde la primera parte de la trilogía: La mirada del irlandés.
Deja un comentario