Mi rincón…
«El autor escribe y comunica. Tanto las emociones como el estado anímico le acompañan al teclear y las transfiere a los personajes y a las narraciones… Para mí, aportan y enriquecen la novela»
Pepe Pascual

«Después de que uno haya estado en nuestra profesión por un momento, empieza a ver elefantes rosa por doquier».
Curiosa cita extraída de una conversación entre dos altos cargos de inteligencia de dos organizaciones enfrentadas: Abwehr y SD.
Da una idea de lo siniestro y a la vez real que llega a ser el espionaje.
Todavía recuerdo el momento en que regalé a mi padre el primer ejemplar de Amarga Libertad; mi primera novela. Sucedió el 19 de marzo: Día del Padre.
Su emotiva reacción no puede describirse con palabras.
Sencillamente, nunca podré agradecer su apoyo incondicional. Sólo me queda seguir escribiendo, esforzándome por mejorar y disfrutar con cada novela.
Gracias, papá.



Aunque no fue el mismo Glenfiddich que Charles Parker pidió en Una bala, un final, el otro día probé este magnífico whisky. ¿Por qué no imaginarme ser el protagonista de la trilogía mientras me complacía con un par de sorbos?








Finalicé La última apuesta absorbido por el embrujo asturiano. En Herias encontré el aire y sonido únicos con los que aislarme para escribir, además de contar con el incomparable sabor de esta hermosa tierra. Todos ellos fueron los condicionantes perfectos para poner punto y final a la trilogía del diplomático y espía: Charles Parker.
Acompañar con una copa de vino al momento de documentarme o de escribir es un placer que gusto repetir.
Sin sacarlo de contexto, resulta ser un equilibrio muy especial que destaco con satisfacción.


Es un lujo encontrar un hueco para escribir, pero no es imposible.
Sólo hay que querer y así el hueco aparece al instante.